Era una noche fría, helada más bien, pero yo estaba feliz.
Estábamos allí tumbados en la cama, metidos debajo de aquellas sábanas, aún frías pero solo tenía que mirarle a los ojos para sentir el calor. Le sonreía y él me correspondía, estábamos tímidos, ¡qué raro! en todo ese tiempo nunca habíamos estado tan tímidos pero, aquella noche, era nuestra primera noche juntos. Aquella noche empezó con sonrisas escondidas y miradas sonrojadas. Aquella noche empezaba a ser especial, con aquel frío esquimal que él me quitaría con un beso de un momento a otro.
Cuando empezó, ninguno de los dos supimos parar. Perdón, ninguno de los dos quisimos parar. Empezaba nuestra noche especial. Era nuestra noche esquimal.

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